© 2005 Derechos Reservados
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Escrito e ilustrado por De Dorman                       Â
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Traducido por Rhoda Rodriguez                                                              Â
Revisado por Irma Lopez
Aunque se han cambiado algunos detalles, esta historia está basada en el testimonio de Flor Adame Moncada Patton, quien ahora es misionera, junto con su esposo, en Cuba.
Hebreos 13:5 "No te desampararé , ni te dejaré ."
Todos tenemos la necesidad de sentirnos amados, protegidos y seguros en nuestros hogares. La pequeña Florecita no era diferente. Esta niñita de siete años que vivÃa en la ciudad de Saltillo, Coahuila (México) con su mamá, su abuelo y su abuela Coco, seguÃa intentanto ajustarse a la devastadora pérdida que habÃa ocurrido en su vida: su papi habÃa abandonado el hogar justo después de que ella naciera y en todos los años que habÃan pasado, ella solo lo habÃa visto una vez. Era como si, después de que él se fué todo lo que quedó fué un vacÃo en su corazón. Al irse justo después de que ella naciera, hizo que Florecita se sintiera como que no habÃa sido deseada. Durante el divorcio indeseado, Mamá intentó ser fuerte para su pequeña hija y hacerle entender que no habÃa sido su culpa de que su papi las hubiera dejado. Una mañana de verano, después de haber pasado una noche de malestar y de miedo, Florecita la preguntó a su mamá , ¿Cuándo voy a poder ver a mi papi? Me sentirÃa más segura si él estuviera aquà ."                            Â
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"No sé, querida," dando la vuelta, Mamá continuó : "Tio Tico me dijo que tu papá se ha cambiado de ciudad." Cuando Mamá vio la mirada entristecida en la cara de su hija, intentó traer un rayo de esperanza diciéndole: "Tal vez lo verás pronto, cariño. Pero recuerda que tu abuela y tu abuelo est n aquà y tus tÃos...han sido tan buenos con nosotros." "Es verdad." Florecita se quedó pensando "nos ayudan tonto, pero ¿porqué se ha olvidado de mà papi?" No importaba cuantos tà os ella tuviera, nunca serÃa igual sin su padre en casa. Ese vacÃo que habÃa en su corazón parecÃa hacerse cada vez más grande...¿Quién podrÃa reparar tanto daño que habÃa en su pequeño corazón? (Salmos147:3) Â
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Era el primer dÃa de escuela de Floicita y estaba muy nerviosa. La vergü enza de no tener su papi cerca se asomaba sobre su cabeza como una nube escura. Ella intentó cubrir esa vergü enza llamando papi a su abuelo, pero los niños comenzaron a preguntarle si él era realmente su padre. ¿Que iba a responderles ella? ¿Se reirÃan o se burlarÃan de ella? Estaba tan entristecida por la situación y no habÃa nada que ella pudiera hacer para traer de regreso a su papá al hogar. "¡Oh! si esto fuera solamente un mal sueño, entonces me podrÃa despertar y todo estarÃa bien." pensaba mientras caminaba hacia la camioneta. Pero no era un sueño, TÃo Alberto la estaba esperando como se lo habÃa prometido para llevarla a la escuela. Cada dÃa por algunas semanas, élla llevarÃa a la escuela y la traerÃa de regreso por las tardes y entonces sus otros tÃos tomarÃan turnos.                                        Â
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Un dÃa, Florecita y su compañera Rosita estaban esperando que las recogieran de la escuela. Florecita tenÃa la esperanza que recogieran primero a Rosita, pero no sucedió de esa manera. A la
vuelta de la esquina venÃa la camioneta café del TÃo Alberto. ¿ QuerÃa Rosita, que siempre hacÃa preguntas, saber quién conducÃa la camioneta?
No era que Florecita estuviera avergonzada de su tÃo, él era maravilloso y ella lo querÃa, asà como a toda su familia. Era solo que ella no deseaba hablar de su papi. "¡Hey, Florecita! És tu papi el que viene?" preguntó Rosita mientras la camioneta se acercaba. "Si," balbuceó Florecita mientras se subÃa rá pidamente en la camioneta, tanto que ni tiempo tuvo de decir adiós. Ella sabÃa que el mentir no era la mejor manera de manejar la pregunta. ¡Si mundo parecÃa que se le caÃa en pedazos! ¡Después de poco tiempo, Florecita se habÃa enredado en una telaraña de mentiras terrible! Todo se enredó más cuando la afligida pequeña esperaba a su tÃo Juanito para que la llevara a casa. HabÃa otros niños que esperaban también cuando tÃo Juanito dio vuelta a la esquina."Solo date prisa en subir al coche." Pero antes de que ella pudiera hacerlo,
Francisco gritó desde el otro lado del patio, ¡Hey, Florecita, tu papi ya está aquà !" Rosita volteó a ver y comenzó a decirle, "ese no es su papi, su papi conduce una camioneta café y tiene bigote!"Â
"No, no es asÃ, otra niña comenzó a decir, "Él conduce un coche verde." Francisco
insistió que él era su papi porque ella asà se lo habÃa dicho. Antes de que cualquier cosa fuera determinada, la humillada Florecita estaba en el coche de camino a su casa. ¡Estaba tan contenta de que era viernes!
"Quizás ya para el lunes se olviden de todo." Ella esperabab silenciosamente mientras que saludaba a su tÃo. Pero en lo profundo de su corazón, ella sufrÃa. No necesitaba que alguien le dijera que la mentira era un pecado, ella lo sabÃa. La tristeza por no tener a su papi en su
hogar se hacÃa cada vez más grande por la culpa que estaba sintiendo por las mentiras que decÃa. "¿Quién podrÃa amara alguien como yo?" se preguntaba la pequeña niña llorosa. (Jeremà as 31:3 "Con amor eterno te he amado...") Pero Dios en el cielo, que oyó sus gritos y vió su necesidad de un Padre, trabajaba en su favor.  Â
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La mañana de sábado llegó y con su mamá en el trabajo, a su abuela le daba felicidad cuidar a su nieta. Ella habÃa orado tanto por su pequeña Flor e incluso le habÃa enseñado algunos versÃculos de la Biblia. Florecita amaba a su abuelita Coco (Mamá Coco para ella) y difrutaba del tiempo que pasaban juntas. "Florecita," Mamá Coco le dijo, "¿te gustarÃa ir al rancho este fin de semana y ver a tus primos?" "¡Oh, Mamá Coco, es una gran idea!" Florecita exclamaba mientras daba saltos entusiasmada. Ése era su lugar preferido, no solamente podrÃa jugar todo el dà a con sus primos, habÃa toda clase de animales en el rancho; burros, pollos, vacas y a la pequeña Flor le daba mucha alegrÃa cuidarlos.Â
Al poco tiempo ya estaban fuera de la puerta y en camino al rancho. El abuelo conducÃa mientras que la abuela y Florecita miraban a los animales que estaban junto al camino. El viaje pareció muy corto y todos los primos se emocionaron al ver la camioneta acercarse. TÃa MarÃa rápidamente preparó el almuerzo para dar la bienvenida a los visitantes. Comieron y charlaron hasta que un hombre y una mujer llegaron a tocar a la puerta.                                                             Â
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"¡Hola! Saludaron mientras que la abuela venÃa hacia la puerta. "Soy el Pastor Starling y ésta es mi esposa, Jessica. Estamos invitando a los muchachos y a muchachas a venir a la Escuela Dominical mañana y si gustan pueden ir en el camión de la iglesia. ¿Les gustarÃa a sus niños oÃr una gran historia de la Biblia y cantar algunos coritos mañana?" Mamá Coco llamó a Florecita para preguntarle si a ella le gustarÃa ir, mencionando la parte sobre ir en el camión de la iglesia, lo cual ella pensaba serà a divertido. "¿Usted cree que esté bien, Abuelita?" Florecita susurró. Después de todo no era su iglesia tradicional. El abuelo se les acercó y le dijo, "Tú ve y escucha lo que él tiene que decir, después puedes venir a casa y contarme todo lo que pasó ." "Está bien." respondió Florecita mientras veÃa como Abuela afirmando con su cabeza decÃa estar de acuerdo. Ninguno de los otros niños parecà an interesados, asà que después de dar al abuelo un poco de su tiempo durante de la mañana, la dulce pareja fué a otro casa alrededor de la cuadra, contentos de pensar en que Florecita irÃa a la iglesia. Â
La mañana de domingo llegó con los gallos cantando y un hermoso amanecer sobre las montañas. "¿Que es lo que iba a hacer hoy?" Florecita somnolienta se preguntó . "¡Oh, es verdad! El autobús va a venir para llevarme a la iglesia." recordó mientras saltaba sobre su prima Anita y se vestÃa. Su estó mago estaba un poco revuelto con el hecho de ir a este nuevo lugar sola, pero de alguna manera esta pequeña de siete años encontró el valor de ir.                         Â
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El autobús estuvo justo a tiempo, mas o menos, y todos los niños parecà an estar felices mientras que cantaban canciones sobre Jesús. Florecita no sabÃa ninguna de las canciones pero se llenaba de gozo el escucharlas. Mientras se acercaban a la pequeña iglesia, Florecita comenzó a ponerse un poco nerviosa, pero las sonrisas de los niños y el matrimonio Starling le ayudaron a relajarse un poco. Le enseñaron cual era su clase para la Escuela Dominical y la señora Starling le dijo que
ella la estarÃa esperando después de clase para llevarla al servicio de la iglesia. "Aquà es donde escuchamos el mensaje del Pastor." le dijo. Florecita después supo que la pareja Starling habÃan venido de los Estados Unidos para contarle a la gente sobre el amor de Jesús. "Ellos hablan el español muy bien para ser americanos." ella pensó. El cuarto estaba lleno de niños de pared a pared. El hecho de que su maestra le sonriera hizo que Flor se sintiera un poco más cómoda. Algunas de los coritos eran algo familiar para ella, asà que ella intentó cantarlos, después escucharon una historia de la Biblia sobre tres cruces, pero no habÃa pasado demasiado tiempo cuando la clase ya habÃan terminado y la señora Starling la acompañó al servicio de la iglesia. Ella estaba tan contenta de poder sentarse al lado de la agradable señora. Después de otro tiempo de cantos, el Pastor Starling pasó al frente con una Biblia en su mano. Â
"Antes de que les dé el mensaje del Señor, vamos a orar para pedirle que nos ayude." dijo el Pastor. Con la cabeza inclinada, comenzó diciendo, "Padre Nuestro," estas dos palabras llamaron la atención de Florecita e hicieron que se sentara derecha y escuchara. El señor Starling terminó diciendo, "Gracias, Padre, por Tu gran amor por cada uno de nosotros." "Otra vez, la palabra 'Padre." pensó Florecita. y el dijo que "nos ama." escuchaba con mucha atención, tratando de saber si este Padre que está en los cielos también la amaba a ella, a pesar de que onstantemente se acordaba de todas las mentiras que últimamente habÃa dicho. "¿Cómo podrÃa deshacerse de la culpa?" El Pastor Starling le dijo a la gente, "como Jesú s habÃa pagado por los pecados de todos en la cruz para que cualquiera pudiera ser perdonado, si vienen a El tal y como están, culpables y manchados por el pecado." La invitación se hizo, y aunque Florecita querÃa pasar al frente y orar, ella tenÃa miedo. Después de todo, sólo era una niña y éste era su primera vez en está iglesia. ¿Que pensarà a la gente? Pero cuando escuchó al misionero una vez más orar, "Padre Nuestro..." ella pensó para si, "Yo también quiero que El sea mi Padre," asà que, decidida ella de alguna manera encontró el valor para pasar al frente. Cuando el pastor terminó de orar, vio a una Florecita llorosa en el altar. El con mucho gusto platicó con ella y pudo darse cuenta de que Florecita sabÃa que habÃa pecado y que necesitaba a Jesús para que limpiara su corazón manchado por pecado y lleno de culpas. (Salmos 51:7) Tà midamente oró una sincera oración de arrepentimiento terminando con un sincero "gracias por perdonarme." ¿PodrÃas ser mi Padre también y ayudar a mi corazón a sentirse mejor?" (Oseas 14:3b "Porque en ti el hué rfano alcanzará misericordia...")    Â
Florecita salió de esa pequeña iglesia como una nueva criatura en Cristo. Ese lunes, ella les confesó a los niños de la escuela lo que habÃa estado haciendo para cubrir su vergü enza. Sus
verdaderos amigos la perdonaron y después de un tiempo ella misma se perdonó . La abuela Coco se limpiaba con gusto las lágrimas mientras la pequeña Florecita le contaba lo que habà a pasado en la iglesia. ¡El se habÃa acercado y rescatado a Florecita! La familia vio el cambio en ella
al confiar más su vida poco a poco en este nuevo Padre.                Â
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Desde siempre, este Padre Celestial la habÃa amado, el vio su necesidad y deseaba que confiara en el. Junto con darle el valor de ir sola a la iglesia y pasar al frente en un lugar que no era familiar, mientras ella crecÃa y lo conocÃa más El entonces le dio el valor de ir y contarle a los niños y niñas de su Padre Celestial quién los ama también y ¡tiene un plan maravilloso para sus vidas!
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PodrÃas tú también decir, como lo hizo Florecita, "¿ Que tú también necesidas el perdón de Dios para tú vida? (Romanos 3:23 y Romanos 6:23) ¿Tienes tú también el valor que Dios dio a Florecita de ir al frente y pedirle a Jesú s que te perdone? (Juan 3:16 y Romanos 10:13) Sà tú ya conoces a Dios como tú Padre Celestial, y El decide llamarte a servirle en un lugar especial, ¿Tendrà as el valor de ir? (Permita que respondan)
Josué 10:25b "No temáis,...sed fuertes y valientes..." Salmos 27:1 "Jehová es mi luz y mi salvación; ¿ de quién temeré ? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?"
